Una sala llena de luz morada

Una sala llena de luz morada

La Rioja, 20 de noviembre, por la tarde

Uno nunca se cansa de ver sonreír. Fue esa mueca la predominante en muchos asistentes al terminar el acto de la segunda parada de la ruta, en pleno corazón de Logroño, en La Rioja. El color morado, el mismo que tiene su vino, envolvió por unos instantes de forma mágica la sala que abarrotaron más de doscientas cincuenta personas para escuchar la propuesta de poner manos a la obra a los Círculos de cara al próximo Vistalegre. Un recibimiento tan cálido que dificultó la despedida y multiplicó las ganas de volver.

Teníamos muy pocas horas de margen para llegar desde Navarra hasta la coqueta sede de Podemos en la capital riojana. Tocaba desplazarse, de nuevo en coche y contra el mismo viento y la misma lluvia, en una desapacible tarde de domingo, de esas que invitan a no salir de casa y vacía las calles. La reunión de Pablo Echenique -y parte de su equipo- con la dirección riojana sirvió para constatar una gran sintonía, la misma que esbozó Pablo ante los medios minutos antes, cuando hizo referencia a que aragoneses y riojanos “compartimos Ebro, N-232, AP-68, cierres de pymes y desindustrialización”. Sobre la mesa, al igual que después sucedería en el encuentro público con los integrantes de los Círculos riojanos, la inquietud de cómo articular el medio rural y el urbano, la posibilidad de entenderse y firmar propuestas conjuntas con otros territorios, la forma de hacerse oír cuando se vive lejos de Madrid. De nuevo, la descentralización.

Ya de noche, las calles seguían con ese mismo aspecto desangelado cuando hubo que desplazarse hasta el Ayuntamiento, donde tuvo lugar el acto con los Círculos. Y, sin embargo, la sala reservada para la ocasión se llenó hasta los topes justo antes de que, para comenzar, se tornase del morado de los cordones. “Los Círculos sois fundamentales para estar en las calles, por eso estamos haciendo esta ruta”, expresó Echenique. Pronto fue el turno de las preguntas y reflexiones colectivas. Desde por qué la ruta se llama así, “atarse los cordones”, hasta subrayar en común la idoneidad de que sean los Círculos quienes escriban sobre los Círculos. De nuevo, en las intervenciones del público, se puso de relieve lo específico del medio rural -toda vez que en Podemos La Rioja la realidad comarcal es más que palpable- e, incluso, asuntos como la brecha digital existente hoy en día.

Quedaba la mayor ovación para el final y no fue a propósito de la ruta en concreto ni en torno a la figura de Pablo o acerca de un simple eslogan. Tuvo que ver con las mujeres. Una integrante del aún no activo Círculo de Feminismos preguntó sobre carencias en protocolos antiacoso y Echenique, además de reconocer que se está trabajando para paliarlas, respondió con una historia personal. Contó que, a lo largo de su vida, ha ejercitado una fina intuición sobre cuándo se siente o no seguro en un sitio y que, en espacios altamente feminizados, esa alerta desaparece. Disminuye hasta dejar de existir el riesgo de una violencia que, en forma de machismo, sigue desgraciadamente viva en este país. Kiko Garrido, el secretario general en La Rioja, añadió a esa historia la de una concejala de Haro que ha denunciado que allí campa a sus anchas un presunto acosador sin que nada ocurra. Ambas intervenciones se llevaron un cerrado aplauso.

Tocaba despedirse. Antes, un epílogo sobre los medios y la importancia de no callarse para seguir defendiendo lo básico: derechos sociales universales y empoderamiento popular. Eran casi las ocho de la tarde dominical cuando comenzó a sonar la hermosa canción de Cindy Lauper ‘Girls just wanna have fun’, tan apropiada, tan eléctrica, tan morada. Al salir, las calles, de nuevo, casi vacías. Más de una y de uno se pusieron los cordones morados, los exhibían por todo lo alto. Una decena de compañeros de La Rioja nos acompañaron hasta retomar el coche de vuelta a Zaragoza.

*Con la aportación de material gráfico a cargo de Paolo Sapio

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